martes, 25 de junio de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 25.6.13
Aquí tenemos el lip dub grabado con motivo del 50 aniversario.
Muchas gracias a todos los participantes, en especial a Juan Fran y a la Asociación de Madres y Padres.

viernes, 14 de junio de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 14.6.13
Al final de la cena nuestro conserje Mateo no esperaba esta muestra de nuestro gran aprecio y cariño




¡¡Te lo mereces, Mateo!!
Posted by Ródenas 50 Aniversario On 14.6.13
"Participar es comprometerse con la escuela. Es opinar, colaborar, criticar, decidir, exigir, proponer, trabajar, informar e informarse, pensar, luchar por una escuela mejor. Participar es vivir la escuela, no como espectador, sino como protagonista”. Y esto es complicado. Aunque es una linda manera de complicarse." 


Buenas tardes a todos. He querido comenzar este pequeño discurso, utilizando el tiempo que me brindáis, con un texto original de Miguel Ángel Santos Guerra, que describe a la perfección los sentimientos y pensamientos de todas las personas que trabajamos a favor de una escuela mejor, de una buena educación para nuestros niños. 


Pero aunque este texto sirva para romper el hielo, también tengo palabras propias para expresarlo de otra forma,  no sólo en mi nombre sino en nombre de todos y cada uno de los miembros que han formado parte de la asociación de madres y padres, en esta y en cada una de las épocas anteriores, durante estos últimos treinta ańos. 


Esta asociación, la nuestra, la del CP Obispos García Ródenas en concreto, se fundó hace treinta años, como ya he dicho, de la mano de Pepe y Miguel, como principales representantes, y acompañados de otro montón de personas más, que no sin dificultades, consiguieron darle forma a ese proyecto que se convirtió en lo que hoy es la actual AMPA a la que nosotras representamos. 


Fue un proceso duro, muy difícil, según nos cuentan, por la época que se vivía. La comunidad educativa no concebía que unas personas que no estaban vinculadas directamente en las gestiones educativas, pudieran tomar parte en actividades y decisiones que surgían en el colegio. La idea era que, de alguna forma, se oyera la voz de los padres, pues había algunos aspectos que mejorar en este colegio por aquellos entonces. Esta Filosofía sigue siendo por la que trabajamos. En contraste con aquella época, hoy contamos con la colaboración de  doscientos sesenta y ocho socios, por los cuales se han podido llevar a cabo muchas mejoras en el centro. Gracias a todos. 


Nunca pude imaginar que desempeñar esta labor pudiera ser tan… tan estresante, tan difícil, tan absorbente; pero  a la vez, tampoco pude llegar a pensar que pudiera ser tan satisfactoria, porque no deja de ser complaciente el hecho de colaborar tan directamente en la educación y protección de nuestros hijos; supongo que  será la impresión que compartimos todos los que pertenecemos a la asociación. 


Animo por tanto, a todos los padres y madres que quieran forma parte de todo esto, a prestarnos su ayuda, a perder de su tiempo…¡GRATIS!, a estar dispuestos a pillar mosqueos de campeonato en ocasiones, pero sobre todo y al fin y al cabo, a estar cerca de nuestros hijos, a participar en sus actividades, que es lo que realmente nos mueve y por lo que peleamos. 


Quisiera también hacer mención a la comunidad educativa, que por suerte nos comprende y nos apoya más que en  los comienzos de APA, porque sin su ayuda sería muy difícil desempeñar nuestra labor como representantes de todos los padres. También agradecer su trabajo a las madres delegadas que nos son de gran ayuda. 


Y bueno, aunque haya sido yo la encargada de dirigiros estas palabras, quisiera nombrar a mis compañeras más cercanas en el AMPA porque creo que es lo justo. Pepa, Fora, Fina, Carmen Victoria, Mari Carmen, Antonia, Maica , Ana; entre otras, y si se me olvida alguna, que me perdone. 

Muchas gracias, gracias por escucharme y recordad que siempre lucharemos por nuestros hijos.

***

D.ª Juana María Valera es la actual presidenta de la Asociación de Madres y Padres del colegio.

jueves, 6 de junio de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 6.6.13


50 AÑOS DEL COLEGIO RÓDENAS,  MÁS DE 50 AÑOS LOS MÍOS

Fueron los primeros años de este Colegio, entonces las Escuelas Nuevas, también los míos.
Si apenas puedo memorizar aquel primer babi  con el que acudí a la escuela, no parece fácil, tras medio siglo, tener presente tantas vivencias. Sin embargo  sé que...a  poco que me esfuerce, acudirán a mi mente muchos momentos que parecían borrados.
Hay algo que inevitablemente tiene que estar presente en cualquiera de mis recuerdos, es la música. Añoro con especial ilusión una antigua radio, a través de la que llegaban otras palabras, otras melodías, que no entendía pero que me gustaban..

La clase que estuve en párvulos, primera planta al fondo del pasillo, terraza con vistas al Paseo de la Murta, donde la acequia transcurría justo al frente. En aquella terraza tuvimos gusanos de seda, los cuidábamos y  éramos testigos de su proceso de crecimiento y transformación.
Porque en La Rafa estaba la Estación Sericícola, y más de una tarde de primavera nos llevaban de excursión allí. Aquello me parecía enorme, y el pequeño jardín que tenía en la explanada me resultaba una especie de laberinto. 

La cara de mi primera maestra la recuerdo redonda, alegre y joven. Forzando bastante mi memoria intento que aparezcan ante mí aquellas otras siguientes maestras. Hubo una rubita y de pelo corto. Luego veo  otra completamente diferente, alta, morena y de pelo largo.
¿Alguna secuencia del segundo curso?  Sí, recuerdo una compañera que tuve sólo unos meses, pues cuando dejó de acudir a clase sin acabar el curso, escuchaba decir, “¡que hacía falta en su casa¡”. ¡Me quedó una sensación de incomprensión ya entonces!

Yo  tenía suerte, desde mi familia, se nos animaba  en el aprendizaje. Me gustaba ir a las “Permanencias” , así se llamaban a las clases extraescolares. 
El olor de la escuela es por excelencia el de los libros nuevos; se forraban muy bien, con un papel blanco al principio, más tarde aparecería el forro de plástico. 
El humeante vaho de aquella leche que nos servían directamente desde la cocina. Era obligado tomarnos el vaso de leche caliente a la hora del recreo. Las lecheras grandes de aluminio, con esa leche que llamaban americana,  a mí me gustaba, tanto su olor, como su sabor. Llevábamos el vaso de casa, en una bolsita de tela,

Y el olor a mosto en otoño, eso sí que es algo que está impregnado en mi memoria. La bodega justo al lado del Colegio.  En las casas aún se conservaba la tradición de hacer el arrope.

El pan con vino y azúcar, ese sí que exhalaba vapores!  era la merienda por excelencia.  Sólo a veces, el pan con chocolate.  

La distancia entre mi casa y la escuela era corta, apenas dos esquinas que doblar y poco más. Además en esos tiempos apenas había coches. Pero sí carros, mulas, burros, rebaños de cabras y ovejas atravesando por la mañana y por la tarde las calles.¡Hasta las vacas paseaban por el barrio! 

Este Barrio Nuevo, que en aquellos años 60 no estaba muy desarrollado. Sus calles eran de tierra. En sus viviendas aún no había agua potable ni saneamiento. Guardo con mucha claridad la imagen de unas enormes zanjas abiertas llenas de nieve, aquel invierno que yo hacía tercero, y que nos llevaron a la Calle Leonas a una casa en auténtica ruina, y ahí empezamos el curso, aunque  lo terminamos estrenando el Colegio Artero, que de eso guardo muy bonitos recuerdos, por la orilla de la acequia, las tapias de los patios atiborradas de flores que  asomaban. Todavía debo conservar alguna hoja de aquellas higueras enormes que nos encontrábamos a mitad de camino. 
Comencé la afición de guardar entre las hojas de los libros,  flores y hojas de plantas; algo que he seguido haciendo toda mi vida. Mi maestra este año sí que la recuerdo muy bien, fue Juana.  

Anécdota de este curso sería respecto a mis trabajos de dibujo. He de reconocer mi incapacidad para con el dibujo artístico, así que ¡cuántas veces mi madre se compadecía de mí! y después de verme horas intentándolo y que aquello no lograse parecerse  a nada ”me prestaba su ayuda”.

Y llega el verano, y yo quiero seguir aprendiendo. Me entero que en la escuela hay  clases, y eso es lo que quiero hacer.  Guardo un buen recuerdo de aquel verano, yendo a la escuela todos los días, con D. Juan Puerta.
Volvemos a las Escuelas Nuevas, y en lugar de estudiar cuarto curso, me incluyen en un quinto. El motivo nunca lo supe. Y no fuí  solamente  yo,  claro. ¡“Sería cosa de esos infinitos cambios de planes de estudios…”!Ni más ni menos que con Dª  Laura, toda una institución ya entonces.  Me gustaba aquello de trabajar en grupos.  

Esas otras compañeras que vivían lejos, con las que tenía que hacer trabajos en grupo y por lo tanto había que salir del Barrio Nuevo,  y por fin descubrir ¡tantos libros en la biblioteca!...

Mi hermana cuatro años menor que yo,  con la que en aquel comedor compartimos los macarrones y las salchichas frankfurt  que yo no soportaba y ella más comilona que yo, me hacía el favor de comérselo para que nadie me reprendiera.

Y cómo no, el piano que había en el comedor, y al que ya en años anteriores visitábamos para cantar,  con D. José Sanchis Bosh, maestro de música y director de la Banda Municipal. Ese piano que tanto envidiaba yo. Lo que hubiera dado por aprender entonces! Sí que hago mis primeros intentos de aprender a tocar un instrumento con la guitarra, y con tan mala suerte que el maestro, se nos muere en las vacaciones de Navidad.  Pero que conste que yo me subí al escenario con mi guitarra, y dos notas aprendidas y acompañé el villancico!

Al año siguiente, sexto curso, comenzaría una etapa muy distinta en este Colegio.  Los niños y las niñas, los chicos y las chicas,  por fin irían juntos en la misma clase! Toda una revolución después de la represión que recibíamos constantemente en este aspecto.
Fue cuando el Colegio Antonio García García (Las Escuelas Viejas) y el Colegio Ródenas (Las Escuelas Nuevas) formaron parte del mismo centro escolar denominado Colegio Obispos García-Ródenas. Así pues en sexto y séptimo curso de la E.G.B. estuve en las Escuelas Viejas. Me gustaba ese edificio, esas clases con suelo de madera, y ¡las ventanas tan llenas de sol todo el tiempo!! 

Esa amiga con la que por fín me unía el gusto por la música!  Y ese trabajo sobre la “Revolución Musical” que nosotras pretendíamos realizar para la asignatura de Sociales pero que D. Fulgencio no nos dejó hacer, algo que yo no entendí nunca, por cierto.

El último año, octavo volvimos al edificio del Ródenas, para despedida!   
Aparecen las nuevas amigas con las que seguiría luego hacía otros horizontes, el Bachillerato y también la propia vida.

Profesores de estos años fueron: D. Salvador, D. José Gomez Huertas, D. Fulgencio, Dª Dolores, D. Trinidad, D. Juan,..de Mula,  …otro D. Juan que nos dio francés en octavo, D. Luis, el párroco…..y seguro que alguno me olvido-

Y el final es un sólo día de excursión a los  Chorros del Río Mundo, ese fue nuestro Viaje de Estudios.

Con posterioridad...

En este Colegio he tenido dos etapas más, ya  como madre de alumnos. Con mis dos hijos,  distanciados más de 16 años en el tiempo, lo que me ha permitido volver sobre este Centro Escolar en dos épocas diferentes. Primero en la década de los ochenta, que estuve implicada en la entonces recién iniciada Asociación de Padres, llegando a ser la Presidenta de la misma.  Luego, con mi segundo hijo, ya en este nuevo milenio, he vuelto a frecuentar esta escuela haciendo nuevas y buenas amistades entre otras madres más jóvenes, a las que, con gran satisfacción, veo bastante implicadas en la comunidad educativa.- 

Ahora ya sólo espero volver de nuevo a este Colegio cuando llegue el momento en que sea y ejerza de abuela.


***

DESPEDIDA.

Hay, seguro mucho de nostalgia contenida en todo esto; también, sin duda, toda la esperanza en el camino hacia el futuro, a través de este presente con dosis de desasosiego,  pero con la certidumbre en la gran labor que el equipo de docentes actual del Colegio Ródenas está desempeñando. Y como el lugar de los recuerdos es el pasado, pues es allí dónde tienen que quedarse, ya que pertenecen a quién éramos antes, no a quien somos ahora. Hoy en la era digital, hemos venido a reencontrarnos con compañeros, a los que de otra forma jamás hubiéramos reconocido.

Ahora que ya os he contado la historia, el cuento, el relato..... me falta la poesía.  Poesía que dedico a todos los maestros que han pasado por esta escuela y sobre todo a los que me impartieron clase.



RECUERDO INFANTIL..............

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
"mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón ".

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

                                           Antonio Machado

***

D.ª Antonia y D.ª Elvira son antiguas alumnas y madres de antiguas alumnas.

martes, 4 de junio de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 4.6.13
Excelentísimo Sr. Director General, D. José María Ramírez, Sr. Alcalde de Bullas, D. Pedro Chico, amigos y amigas:
Debo en primer lugar manifestar mi satisfacción por el cariño, la estima, la dedicación que se tiene a nuestro colegio y que se ha vuelto a evidenciar  esta tarde en todas las intervenciones realizadas.

Lo hemos repetido muchas veces, porque es cierto, cincuenta años saben a mucho. Son cientos, miles de actividades, experiencias, proyectos de todo tipo,  los que se han llevado: Biblioteca escolar, Escuelas viajeras, Aulas de La Naturaleza, teatro, el huerto escolar, proyectos Mercurio y Atenea, periódico escolar,  JuegaBullas, Escritores en el aula, Científicos en el aula, senderismo, viajes de estudio, aulas hospitalarias,  proyectos de consumo, de salud…, es imposible nombrarlos todos, pero de todos se han beneficiado los alumnos de este colegio y en con ellos hemos madurado como profesionales.

Si me preguntáis“¿Para qué sirve un 50 aniversario?” os contestaré que para echar la vista atrás y reconocer  todo este camino recorrido en forma de proyectos y experiencias. Ver  los aciertos, los errores. Vivimos tan deprisa, tan frenéticamente, que necesitamos un poco de perspectiva para apreciar el inmenso trabajo realizado por todos, día a día, clase a clase, lección a lección. Y sentirnos orgullosos cuando el trabajo y el esfuerzo rinden sus frutos
La experiencia de organizar y celebrar el 50 aniversario ha merecido sin duda la pena, tanto por lo recordado, por los reencuentros, como por la oportunidad de devolver al colegio parte de lo que durante cincuenta años nos ha dado.  Ha habido actividades para todos: pequeños, grandes y mayores, y creo que no queda nadie en Bullas que no sepa que hemos cumplido 50 años. Y se han implicado cientos de personas en la puesta en marcha de las diferentes  actividades. A falta de presupuesto para recogerlo todo en un libro, ahí quedan, en nuestra página web, las miles de fotografías publicadas, los artículos escritos, los agradecimientos, las historias contadas en primera persona.

Gracias, sinceramente, a todos: claustro, familias, conserje, personal de administración y servicios, ayuntamiento, Consejería de Educación, antiguos alumnos y padres… No es sólo el agradecimiento de un director, sino que os traslado todas las felicitaciones  que a lo largo de este curso de celebraciones hemos recibido.

Conozco de primera mano la segunda mitad de la vida de este colegio, y puedo afirmar, sin ninguna duda, que es el mejor colegio en el que he trabajado nunca. Bueno, debo aclarar que no he trabajado en ningún otro, que tuve la suerte de aterrizar en él en 1990 y aquí seguiremos por muchos años. A veces me han comentado lo enriquecedor que es tener la oportunidad de trabajar en distintos colegios y yo contesto que a falta de esa experiencia tengo la enorme suerte de haber trabajado, codo con codo, con decenas de maestros que han pasado por el Ródenas dejando su impronta. Yo, que no estudié Magisterio, casi todo lo aprendí de ellos y de los que actualmente siguen en el colegio. De ahí también el agradecimiento personal a todos lo que me habéis acompañado, y me acompañáis actualmente. Este reconocimiento se hace especial en las personas de D. José Gómez y D. Jesús López, anteriores directores, que ayudaron a forjar el carácter de este centro.

Ahora atravesamos momentos muy difíciles donde acecha el desánimo, pero no podemos dejar de reivindicar la necesidad de nuestro esfuerzo personal y el de todas las administraciones para que los alumnos no pierdan la calidad en la atención educativa que hemos alcanzado y que merecen.

Hay una placa, muy cerca de aquí, al principio de la Avenida de Cehegín, dedicada a una maestra, Doña Mercedes. Me emociono cada vez que la leo, al tiempo que es para mí un recordatorio de nuestra enorme responsabilidad. Reza así “Un maestro trabaja para la eternidad: nadie puede decir dónde acaba su influencia."  Os dejo con el eco de estas palabras que son un reconocimiento a la labor del maestro. De alguna forma, toda la celebración del 50 aniversario es un homenaje a esa figura intemporal que habita en nuestros recuerdos: el maestro, la maestra.

Muchas gracias.

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 4.6.13
No es tarea fácil comenzar a hablar en un acto como el de hoy en el que celebramos el 50 aniversario del Colegio Obispos García-Ródenas, se mezclan en mí muchos sentimientos y recuerdos difíciles de explicar en unas pocas palabras. He de decir que se hace más llevadero con la compañía de Pilar con la que he compartido una historia paralela en la profesión. Ambos fuimos compañeros de pupitre, los dos llegamos a trabajar juntos al colegio e incluso ambos creímos que nuestra vida profesional iría por otro camino y finalmente nos descubrimos estudiando lo mismo. 

No queremos empezar sin antes agradecer a nuestros compañeros que pensaran en nosotros para poder dirigiros unas palabras en nombre de nuestro claustro, para nosotros ha sido un verdadero honor y un privilegio.
He sido alumno durante 11 años y estoy a punto de terminar mi décimo año de trabajo en el colegio como maestro. Me gustaría poder recoger en estas breves palabras, aquellos pensamientos de mis compañeros y rescatar aquellos recuerdos de los que un día pasaron por aquí, dejaron su huella y se forjaron como docentes. 

Es por todos bien sabido que un colegio no dice nada por sí solo, sino es con la comunidad educativa que lo conforma. Un colegio no dice nada a través de sus muros de piedra, un colegio vive, un colegio respira, a través del trabajo incansable de sus maestros y maestras, un colegio crece, ríe y llora con sus alumnos, un colegio mira con esperanza al futuro a través de las familias que unas veces sufriendo y otras con alegría, ven como poco a poco sus ilusiones y sus anhelos van dando sus frutos.

Es así como entendemos la escuela y así como entendemos al Ródenas, un centro que nunca ha dado la espalda a su realidad, que sabe que su riqueza radica en la calidad humana de las gentes que lo conforman, que sabe que su fuerza está en la pluralidad, en el respeto al diferente y en la defensa de lo público como la mejor herramienta para eliminar y disminuir las desigualdades de nuestra sociedad.

Seguro que muchos de vosotros esperabais de estas palabras una colección de recuerdos pasados, de momentos buenos y no tan buenos vividos dentro de las paredes del Ródenas. Empresa difícil de acometer sería para mí si estas palabras de hoy las dedicara a la evocación de ese pasado, para eso tenemos las fotografías, los videos y las numerosas conversaciones, que a cuenta de esta celebración, estamos teniendo estos días.

Desde mi punto de vista y creo que en esto coincidimos muchos de los que estamos hoy aquí, si para algo debe servir esta celebración, es para mirar al futuro sin olvidar ni por un solo momento que nos sustenta la experiencia de nuestros 50 años. Empezamos a escribir una nueva página en la historia de nuestro colegio y debemos escribirla; como dice la canción; haciendo que cada letra sea una semilla de futuro, intentando sacar lo mejor de cada uno, haciendo posible entre todos aquello que el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry decía a través de su Principito: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”. Estos 50 años tienen sentido no por el colegio en sí, sino porque muchos a través de él han dejado una huella imborrable de dignidad y humildad que ha ayudado a muchísimas personas a encontrar su estrella, nosotros somos una pieza más para que los próximos 50 años el faro de nuestro colegio siga encendido. Unas veces la luz será tenue, otras brillará con más fuerza, pero siempre servirá para poder guiar a cada uno hacia su estrella o hacia su camino. 

Muchos colegios cuelgan con honra los nombres de personajes ilustres que han pasado por sus aulas y muestran con orgullo sus logros. El Ródenas se enorgullece en cambio, de la fortaleza de sus alumnos y alumnas para llevar a cabo sus proyectos e ilusiones, se complace  de ser un centro de personas sencillas, que han luchado por conseguir su espacio en el mundo a base de esfuerzo y mucho sacrificio, cada uno desde su trabajo, como agricultor o como alcalde, como abogado o como maestro, como albañil o como ingeniero, a cada uno de los alumnos y alumnas de nuestro colegio se les ilumina una sonrisa cuando dicen: “Yo fui al Ródenas”. 

Una vez más vuelvo a retomar la idea con la que empecé esta intervención, nuestro colegio es lo que hoy es gracias a la sencillez que encierran las personas que han pasado por él, porque es a través de las cosas sencillas como más se reflexiona y más se aprende.
He tenido la suerte de poder estar en este colegio como alumno y como maestro, aquí me he criado y aquí empecé a trabajar. Con más errores que aciertos estoy pasando mis primeros años de docente compartiendo trabajo, preocupaciones, ilusiones, alegrías y tristezas con aquellos que un día fueron mis maestros y he de reconocer que para alguien que se va enamorando día tras día de su trabajo, contar con el apoyo, la experiencia y el criterio de quien lleva más horas de rodaje en la profesión es algo que nunca se podrá agradecer como se merece.

No quiero que estas palabras se conviertan en un recuento de anécdotas personales, no estoy aquí para eso, pero sí me vais a permitir una pequeña licencia ya que no voy a encontrar una ocasión mejor para hacerlo. 
Yo nunca supe que acabaría siendo maestro de primaria y seguro que muchos de mis maestros que hoy están aquí tampoco lo pensaban de mí. He encontrado personas que me han aportado mucho a  lo largo de la vida. He tenido maestros y maestras excepcionales, con algunos he compartido después trabajo: Don Jesús, Don Juan Matías, Don Luís, Don Juan Ángel, pero no puedo irme de aquí, ni puedo concluir mi intervención sin hacer mención a una persona a la que siempre estaré agradecido de todo corazón y a la que siento como mi maestro en toda la extensión de la palabra. 

Me estoy refiriendo a Don Juan Lucas Martínez, no puedo decir que recuerde de él grandes palabras, ni grandes frases como vemos en los maestros que aparecen en las películas, pero sí que tengo muy presente  su manera de trabajar, su ayuda y esfuerzo permanente que le llevaba a quedarse después de las clases con los alumnos que más atrasados íbamos para intentar sacarnos adelante.

En aquel momento no era capaz de darme cuenta,  pero ahora sí puedo decir que aquel maestro que sonreía detrás de su bigote y su imponente voz grave nos enseñó la lección magistral más importante de nuestras vidas: hacer siempre lo que puedas, con lo que tengas y en donde estés, teniendo siempre en cuenta que no hay un gran talento sin una gran fuerza de voluntad. 
Quiero terminar mi intervención retomando una idea anterior; aprovechemos la celebración de este 50 aniversario trabajando en el presente como única manera de forjar un futuro, un futuro de todos y con todos, un futuro, que no sea como decía el poeta Eduardo Galeano “ una piedra muerta, sin tierra, sin agua, sin aire y sin alma”  sino que sea un futuro con el que todos podamos soñar y nos permita seguir construyendo esta gran familia: La familia del Ródenas.

Muchas Gracias.


***


Ya conocéis los caminos que a Raúl y a mí nos condujeron al Ródenas. Fue una gran alegría para ambos encontrarnos, ahora  como maestros, en el mismo colegio en el que un día fuimos alumnos. Tal como él ha descrito, y para no repetirnos mucho más, desde aquí mi gran agradecimiento a todos por este cariño manifestado a ésta, nuestra escuela: “El Colegio Obispos García-Ródenas”. Aquí crecimos, conocimos a mis nuestros primeros amigos y por supuesto, aprendimos tantas y tantas cosas. Forma parte de nuestra historia personal y de la de tantas y tantas generaciones que han crecido aquí. 

Os formulo una pregunta, ¿qué recordáis del Ródenas? ¿Alguno contestaría que recuerda “que allí aprendió a sumar”? Seguro que no, ¿verdad? Y es cierto que allí nos lo enseñaron, pero eso no es un recuerdo; eso es un aprendizaje. 
Nuestros recuerdos del colegio están siempre ligados a experiencias personales, como vivencias en los pasillos, charlas con los amigos, juegos en el patio, excursiones, peleas y conflictos, aquél maestro malo o aquél maestro bueno, aquél que era muy estricto o aquél otro que era mucho más divertido,… Y para esto el Ródenas siempre ha sido muy especial. Todos cuantos alumnos del Ródenas conozco manifiestan un gran afecto hacia este colegio con una enorme satisfacción. Era, y creo que todavía lo es, un centro que albergaba alumnado de diferente procedencia social, y este hecho, os aseguro, le hacía único en nuestra localidad. 

Por eso tengo claro que, por supuesto, he de enseñar a nuestros alumnos todo lo que deben aprender, pero si quiero llegar más allá, al lugar más profundo de cada ser, debo intentar que ese proceso sea realmente especial. 

Hoy ejerzo mi profesión en el mismo lugar en el que descubrí mi vocación. A veces me invaden recuerdos nostálgicos del pasado a cuál de ellos más especial. Tuve la fortuna de crecer feliz y las vivencias en este centro contribuyeron profundamente a ello. Cada rincón del edificio alberga un recuerdo, y aunque algunas cosas han cambiado, la esencia sigue siendo la misma… Por eso creo que el Ródenas ya tiene un alma. 

Recuerdo que cuando mi promoción pasó al Instituto nos alababan diciendo que todos los que llegábamos del Colegio Ródenas estábamos muy bien preparados. Sería porque la formación que recibimos aquí resultó ser tremendamente buena, y eso se lo debemos a los que fueron nuestros maestros, algunos aquí presentes: Doña Susana, Don Francisco, Don Cristóbal, Doña Brígida, Don José Luis, Doña Juani,… y a otros que también lo fueron y que luego han sido nuestros compañeros de trabajo: Don Juan Ángel, Don Jesús, Don Juan Matías,…

Dicho todo esto, creo que para mí nuestro colegio no podría ser únicamente un lugar en el que ejercer una profesión. Más cuando esta bella profesión, la del maestro, termina impregnándonos de tal manera que no podemos escapar a su encanto.

Cada día es una nueva oportunidad de enseñar. Pero lo realmente extraordinario es que nuestros alumnos lo aprendan. Y si además tenemos suerte, puede que sea algo que impacte verdaderamente en ellos. Y en ese caso el sentimiento que te invade es... grandioso, la recompensa es inmediata y la satisfacción es enorme. 

No en vano, también lo es la frustración ante las diversas situaciones complejas que debemos afrontar a diario y esto también es algo con lo que, como maestros, hay que aprender a vivir. Y lo cierto es que no siempre es un fácil. 

Los niños y niñas de 3 a 12 años a los que va dirigida toda nuestra enseñanza no son pequeñas maquinitas de aprender. Además llegan al colegio cada día impregnados de emociones que no siempre saben gestionar. Y ahí están, delante de ti. Y tú les debes enseñar. Cuando estudiaba en la universidad creía que mi primer día de trabajo iba a ser algo así: entraría por la puerta y allí estarían todos ellos, deseando aprender todo lo que yo estaba tan capacitada para enseñar. Lo que sucedió después no pudo estar más alejado de aquél sueño, pero sin duda, resultó ser maravilloso con creces. 

Poco después me dí cuenta de que no sirve de nada guardar exámenes, fichas o propuestas de trabajo que te han resultado muy útiles este año que estás en 5º. Crees que si en unos años vuelves a impartir clase en 5º, van a ser de gran ayuda y te vas a encontrar el trabajo hecho. Y luego resulta que para esos nuevos alumnos no tienen ningún sentido, pues cada grupo de alumnos vive, siente y definitivamente, aprende, de una forma completamente diferente a cualquier otro.  

De nuevo, la maravilla del ser humano te sorprende una vez más y ahí se halla la magia de esta labor que ejerce el maestro. 

Y ya para terminar, concluyo sin olvidar mencionar que nuestro Colegio ha albergado cientos de maestros que llegaron a él con sus propias inquietudes y ha sido el lugar en que desarrollar esta tarea tan delicada por tantos y tantos docentes. Hoy por hoy, más de treinta compañeros compartimos trabajo y esfuerzo con la preocupación constante por las dificultades que nos plantea el ejercicio de esta profesión. Me consta que cada una de las personas que formamos el claustro está plenamente involucrada en su trabajo y comprometida con la enseñanza. Aprendo cada día de ellos; sus experiencias me siguen enseñando a mejorar mi trabajo, así que en cierto modo a pesar de ser maestra, tampoco he dejado de ejercer como “alumna”.

Pero aquellos que más nos enseñan son, sin duda, cada una de esas personas que en teoría, vienen al centro a aprender de nosotros. Los alumnos, sin siquiera saberlo, son mis grandes maestros. Cada vez que les enseño algo es como si yo lo tuviera que aprender de nuevo y con ellos recuerdo a diario un principio vital en la existencia del ser humano: “que el respeto es la base de la convivencia”. A mí me lo enseñaron mis padres y mis maestros y ahora creo que es de justicia transmitirlo a nuestros alumnos en el colegio. 

Enseñemos, pues, a pensar,… Enseñemos a soñar,…

Por otros cincuenta años… ¡Viva el Colegio Público Obispos García-Ródenas!

Muchas gracias


***
D.ª Pilar y D. Raúl son antiguos alumnos y actuales maestros del colegio.





Posted by Ródenas 50 Aniversario On 4.6.13
BUENAS TARDES

Todo ha cambiado mucho desde que se fundó este colegio, la sociedad, las familias, el alumnado, el entorno, por lo que voy a comenzar haciendo una breve referencia a las circunstancias que rodearon este acontecimiento.


Bullas tenía una economía eminentemente agrícola, y era un pueblo de jornaleros. Coincidía con la industrialización de otras zonas de nuestro entorno como el País Vasco, Cataluña y Valencia, y eso hizo que nuestros padres de familia emigraran masivamente hacia esos lugares y también al extranjero, principalmente a Alemana y Francia, preocupados por la falta de trabajo en su pueblo y con la voluntad de ofrecer un futuro mejor a sus hijos. Era una época dura, familias enteras abandonaban su pueblo para dirigirse a otras ciudades del país y otras quedaban a la espera de la vuelta del padre que había emigrado al extranjero.


Bullas contaba con algo más de nueve mil habitantes, y la población escolar, sin contar los párvulos, era de 1545 alumnos entre niños y niñas.


En aquella época, el Barrio Nuevo, donde se ubica este centro, era muy diferente a como es hoy, estaba en plena construcción y por aquella época se negociaba la red para el abastecimiento de agua potable a todas las casas del municipio.


En 1956 el Ayuntamiento de Bullas, siendo alcalde don Manuel López Carreño solicitó dos grupos de escuelas de cuatro aulas para niños, y otras cuatro aulas para niñas, y ocho viviendas para maestros. En 1950 ya se intentó, pero pese a ser muy necesario, no se pudo llevar a cabo por falta de recursos.


En 1956 se aprovechó el cambio de legislación reguladora de esta materia que supone que la aportación municipal sea más baja, y  Bullas se acogió a los beneficios que el Estado concedía a los ayuntamientos.


Este nuevo centro escolar llevaría el nombre del obispo D. Alfonso Ródenas García, pero se le nombraba coloquialmente como “escuelas nuevas”. Se edificó a cargo de la Junta Provincial de Construcciones, siendo la aportación municipal el 20% del importe del presupuesto de obras.


El ayuntamiento también ofreció los metros necesarios para la construcción en el entonces llamado “Barrio de la Almazara”. En principio se ofrecieron mil metros cuadrados, pero pronto el arquitecto escolar de la provincia sugirió que eran escasos, y que harían falta casi tres mil metros más.


El solar era propiedad de don Joaquín Carreño Marsilla, que aún disponía de tres mil doscientos cuarenta metros más, por los que se acuerda comprarlos en su totalidad al mismo precio que los anteriores, veinticinco pesetas por metro, siendo el coste total del solar de cien mil pesetas.


El arquitecto, que se llamaba Pedro Cerdán, presentó en 1957 el proyecto que ascendía a poco más de tres millones de pesetas, y que fue aprobado en mayo de ese año. Para dar una idea, entonces mil ladrillos costaban quinientas cincuenta pesetas.


Las viviendas y el edificio de la escuela serían propiedad del Estado, y la conservación del edificio y su mantenimiento estarían a cargo del consistorio.


Como se puede observar, las viviendas para maestros desaparecieron a comienzos de la década del 2.000 para construir el centro de educación infantil, que comenzó a funcionar en 2003 y el edificio en principio no tenía las clases que hoy existen entrando por la puerta principal a la derecha, pues en su lugar había  un patio.


El 8 de octubre de 1962 a las cinco de la tarde tuvo lugar la inauguración del nuevo colegio con la asistencia de los alcaldes de Caravaca, Mula, Campos del Río y Albudeite, también asistieron las primeras autoridades de la provincia, como el gobernador militar y el inspector provincial de primera enseñanza. Aquí, don Manuel había dejado de ser alcalde y lo era don Gregorio Fernández Moya. Este acto, suponemos que estuvo rodeado de toda la bomba y boato que merecía y, además, estas escuelas fueron bendecidas por el párroco que por entonces había en Bullas, don José Escribano García.


Este mismo día se inauguró la remodelación de la plaza, a la que se le había instalado una fuente con luces. Dicha remodelación era una necesidad ya que estaba muy deteriorada y, además, como todo el tráfico de Caravaca a Murcia y viceversa pasaba por este punto, había que dar buena imagen.


También se inauguró la remodelación del matadero municipal, pues no cumplía con los requisitos de salud pública, y  el alumbrado de luz fluorescente en las principales calles y de la plaza.


La existencia de este nuevo centro escolar en Bullas supuso todo un hito en la historia de la educación, ya que por primera vez las niñas asistían a una escuela del Estado. En aquella época los niños asistían a la escuela del obispo D. Antonio García García  llamadas “escuelas de los cuatro maestros” o “escuelas viejas” tras la inauguración de éstas y a otras particulares y las niñas estaban dispersas en edificios privados como la de doña Mercedes o la escuela parroquial de doña Laura….

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Cincuenta años de existencia siempre es algo trascendental para una institución, especialmente cuando se trata de un centro educativo en el que han crecido y se han formado muchas generaciones de hombres y mujeres de Bullas.
El colegio Obispos García Ródenas cumple cincuenta años. Medio siglo que ha visto cómo en las aulas de este prestigioso y querido colegio, que actualmente honra con su nombre a dos ilustres obispos de la localidad (don Antonio García García y don Alfonso Ródenas García), se han formado miles de alumnos y alumnas que han contribuido día tras día y año tras año con su trabajo a engrandecer a su pueblo. Una prueba de evidente valía y eficacia del colectivo de profesores con que ha contado a lo largo de estos diez lustros de existencia.
 Quiero desde aquí agradecer el generoso esfuerzo de todos los maestros y maestras que han pasado por este centro.


Este colegio constituye todo un ejemplo a imitar de lo mucho y bueno que un centro educativo puede ofrecer, no solo desde el punto de vista pedagógico, sino también en valores como el pluralismo, la tolerancia o el respeto a la diversidad. Y todo ello lo ha conseguido además velando siempre por la innovación y la calidad en la atención a los alumnos.


Un centro educativo es sobre todo un grupo humano que comparte espacio, tiempo e historia, fines y objetivos, es una organización con fuertes lazos de unión con sus comunidades educativas, donde se desarrollan estrechos vínculos personales. El colegio Obispos García Ródenas tiene de esta manera su propia singularidad y compromiso con la gente de Bullas.


Mi más afectuosa enhorabuena a todas las personas que han contribuido con su trabajo y su compromiso a engrandecer este gran proyecto.

Quiero expresar mi agradecimiento a la dirección del centro, profesores, alumnos, AMPA y personal no docente, por contribuir día a día a dar sentido y contenido a la tarea educativa, con la seguridad de que seguiréis aportando compromiso y profesionalidad al desarrollo de la educación.


Por último, os quiero felicitar por la organización de todos los actos que habéis celebrado durante este curso 2012/2013 para conmemorar este medio siglo de vida, pues han sido un éxio.

MUCHAS GRACIAS
Posted by Ródenas 50 Aniversario On 4.6.13
El viernes 31 de mayo tuvo lugar el acto de clausura en la Casa de Cultura. Aquí tenéis el primer vídeo proyectado.

Gracias a Juan Ángel Puerta por su elaboración, y a "Paco de la radio" por la voz.

lunes, 3 de junio de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 3.6.13



Todas las páginas del Diario "La Verdad" del martes 9 de octubre de 1962, día posterior a la inauguración del colegio. En la página 6 se puede leer la crónica de esta inauguración. Abrir sólo esta página.
Posted by Ródenas 50 Aniversario On 3.6.13


Todas las páginas del Diario Línea del martes 9 de octubre de 1962, día posterior a la inauguración del colegio. En la página 5 está la crónica de esta inauguración. Abrir sólo esta página.
Posted by Ródenas 50 Aniversario On 3.6.13

 

Suplemento del diario Línea, publicado el 7 de octubre de 1962, dedicado íntegramente a nuestro pueblo.Al día siguiente se inaugura nuestro colegio.

domingo, 2 de junio de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 2.6.13

lunes, 27 de mayo de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 27.5.13

Aquí dejo el enlace sobre mis sensaciones en ese ratico de encuentro  con el pasado,,,que vivimos hace unas semanas, en el Colegio.

Enhorabuena a cuantos hoy estáis haciendo posible estos eventos.Y un millón de gracias por volver a poner en nuestra mirada de nuevo el poder de la ilusión.


Ir al blog de Antonia López

martes, 14 de mayo de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 14.5.13

Acudí al C. P. “Obispos García-Ródenas”, con motivo del 50 aniversario de su inauguración, por solicitud expresa de su director D. Juan Matías Caballero y movido por los vínculos que con este centro he tenido durante tantos años.

Por la mañana me hizo unas cuantas preguntas una de las locutoras de Radio Bullas. Dicha interviú iba relacionada con el historial del centro y mi paso por el mismo.

Durante las últimas horas de la tarde tuvimos el encuentro entre antiguos maestros y alumnos. En verdad fue realmente emotivo. Allí nos reunimos personal que tiempo ha no nos veíamos, hecho que a todos pude comprobar que nos congratuló. Haré mención a grupos de alumnos de Bullas y de La Copa que me manifestaron su agradecimiento y consideración por todo lo que puede hacer. A unos les impartí enseñanza directa, con otros sólo actué como director, en estas dos situaciones me vacié en mi tarea como era mi obligación. Muchos trabajan desempeñando puestos de responsabilidad en lo público y en lo privado. A los que aún no han encontrado su deseado puesto les diré que tengan paciencia y me permitiré darles el mismo consejo que San Benito daba a su comunidad: “Ora et labora”, reza y trabaja. Lo demás os vendrá por añadidura. A todos os deseo lo mejor.

Referente a mis compañeros, recordamos aquellos tiempos jóvenes en los que fui su inmediato superior y compañero, y de todas las añoranzas que de ellos guardamos.

Perdón por estas líneas ufanas, pero de alguna manera tengo que agradecerles sus manifestaciones.

Este encuentro fue un gran acierto y se lo debemos todo el esfuerzo y empeño que ha puesto el actual director. De él diré que tengo un buen concepto, lo veo un maestro entregado por entero a su profesión, como debe ser, sin otros virajes que lo distraigan de la labor fundamental a la que está llamado; a la dirección y a la enseñanza del personal a su cargo, docente y discente.

D. José Gómez Huertas
Antiguo director del colegio

lunes, 6 de mayo de 2013

Posted by Ródenas 50 Aniversario On 6.5.13
Con motivo de la celebración del 50 aniversario del Colegio Obispos García-Ródenas, quiero darle las gracias al que es hoy su director, Don Juan Matías, por “muchos motivos” que describiré después, pero sobre todo por la oportunidad que nos brinda de poder expresar cómo ha sido el paso por el centro a tantos antiguos alumnos como deseen participar.
La niña de la foto soy yo, Cati, una de aquellas afortunadas alumnas que tuvo el privilegio de que el inicio de sus estudios primarios coincidiera con la inauguración de este colegio, un acontecimiento muy grande e importante por aquellos días. Dicho colegio, construido en la misma calle donde nací, fue para mí un segundo hogar y tengo que resaltar que allí me sentía como en casa.
Valoro mucho la profesión vocacional del maestro y la responsabilidad tan grande que tienen junto a los padres en la educación de nuestros hijos. De todos es sabido que ellos son la generación del futuro. En mi opinión, la educación siempre ha sido y será una continua y laboriosa cadena que hay que cuidar, potenciar y fomentar día a día desde la más tierna infancia hasta el final de la vida.
Le doy gracias a Dios por cada una de las maestras que con su trabajo y esfuerzo contribuyeron en mi educación y a quienes nunca podré olvidar. Cuatro son a las que voy a nombrar, pues las tengo más presentes ya que fueron aquellas con quienes pasé por mi primera etapa escolar. Aunque no me acuerdo muy bien del orden en el que me dieron clase, sí que las recuerdo con gran cariño.
Doña Paquita, Doña Angelines, Señorita Mari y Doña Laura. Ellas me animaban cada día a seguir esforzándome, pues confiaban en que podía alcanzar metas más altas e incluso llegaron a insistir a mis padres que no dejara los estudios porque veían que tenía posibilidades de llegar lejos. Por ello desde aquí les doy las gracias. El contacto que mantuve con ellas, aunque tal vez un poco rígido, fue siempre bastante bueno, transmitiéndonos valores como el respeto, la responsabilidad, la obediencia…
Después de hacer dos años consecutivos 7º y 8º y casi terminado el curso, finalmente no me examiné y me puse a trabajar. No culpo a nadie, pero fueron años de mucha demanda de trabajo en la fábrica de conservas de Bullas y casi todas las compañeras nos dejamos influenciar por el campo laboral. Más tarde hice un examen para conseguir el certificado de Estudios Primarios. Con tristeza tengo que decir que con ese certificado puse fin a aquella etapa escolar.
De nuevo paso a los buenos recuerdos…
Para empezar no me puedo pasar por alto la pregunta que nos invadía a los niños y niñas de entonces, pues desconocíamos cuál sería el motivo de no poder compartir las clases. En una edad como la adolescencia creaba entre nosotros una barrera muy grande que a mí, personalmente, me costó superar. Recuerdo la que se armaba cuando por cualquier motivo teníamos que entrar en una clase de niños... Ellos eran más espontáneos, nos acosaban a piropos,… ¡cómo nos sacaban los colores! Pero es que no sólo no compartíamos las clases, sino tampoco el patio, los juegos, el diálogo, etc. Cuando quedábamos amigos y amigas casi lo teníamos que hacer a escondidas, como si de algo prohibido se tratase. Incluso estar juntos en presencia de maestros y padres era algo extraño para nosotros. Recuerdo que las clases de las niñas estaban arriba y las de los niños abajo, y para pasarnos recados lo hacíamos con ayuda de las cuerdas de las persianas, a través de las cuáles les mandábamos notas escritas en papel. Como los niños jugaban al frontón en un patio donde ahora queda la biblioteca, nosotras desde arriba nos asomábamos por las ventanas, que estaban tan ocupadas que corríamos peligro de caernos abajo.
Al recordar todo aquello es difícil de creer que ocurriera, viendo cómo se ha evolucionado en este sentido y cómo actualmente las clases son mixtas y se considera algo tan normal.
R
efiriéndome ahora al material que hoy utilizan tanto el maestro como el alumno he de apuntar que han evolucionado muchísimo ayudando a que los progresos en el aprendizaje sean más rápidos. No hay más que comparar las mochilas tan pesadas que hoy llevan nuestros niños con las carteras tan ligeras de peso que llevábamos aquellos años. Nuestros materiales eran Enciclopedia 1er, 2º o 3er grado, cuadernos de caligrafía, cálculo o problemas que conservábamos con tanto esmero de los números 1 al 10 todo el curso, el plumier de dos pisos de madera, lápices, bolígrafo, colores, compás, reglas, escuadra, goma, sacapuntas, cuentos, cuaderno para deberes, todo en una cartera que con tanta ilusión esperábamos de los Reyes Magos para tenerlo todo dispuesto cuando empezara el curso. Pero claro, cada día llevábamos sólo aquellas cosas que íbamos a necesitar.
Con la Reforma Escolar tuvimos que adaptarnos a los nuevos métodos de estudios que nos costaba asimilar. Fue en la última etapa que pasé por el colegio y no tengo grandes recuerdos de ella.
También tengo que añadir la competitividad que había entre compañeras para ocupar los asientos delanteros de la clase, que sembraba una gran rivalidad entre nosotras. 
Los juegos que compartíamos con nuestras amigas en el recreo o tiempo libre entre clases eran muy sencillos. ¡La de horas que podíamos pasar con una cuerda jugando a los dubles, qué fácil era moverla de un lado al otro y la de niñas que podíamos participar a la vez!  Otros juegos eran una pelota, un trozo de elástico, una tajuela de mármol con la que jugar al chisqué, unos huesos de albaricoque o piedras para echar unas tres en raya, unos cromos, el pillao, la piola, hacer teatro, trabalenguas, adivinanzas,… Para las más lanzadas estaba el baloncesto. Como actividades más excepcionales estaban la gimnasia rítmica y los bailes regionales, que se preparaban para actos públicos y se desarrollaban en el campo de fútbol que se encontraba al lado izquierdo del colegio. También íbamos a cantar villancicos al cine por Navidad.
También se hacían manualidades como coser y bordar en punto de cruz aquella bolsa para el pan o aquel trapo para el cántaro del agua.
De vez en cuando también hacíamos nuestras escapadas lanzándonos a la calle y metiéndonos en aquellos huertos que lucían frente al colegio a coger unos albaricoques: ¡Qué buenos estaban! Alguna vez tuvimos que salir corriendo sorprendidos por el guarda.
La orilla de la acequia era otro lugar de encuentro: el ver el agua correr, saltar de un lado al otro, las tijeretas que por allí corrían,… todo era un pasatiempos y un recreo.
Hacíamos excursiones a La Rafa para ver los gusanos de seda, cómo se alimentaban, cómo hacían el capullo,… aquél laborioso trabajo tan delicado que tanto nos maravillaba. Nos quedábamos embobadas viendo algo tan interesante.
A
lguna vez que otra también visitábamos el río. El centro para quedar con los amigos era el Colegio y el Paseo de la Murta y de allí nos dirigíamos a la Rafa a pasar toda la tarde correteando y dando brincos.
Creo que nunca monté en autobús para salir de excursión.
¡Y cómo no recordar el famoso comedor! A mi madre le vino como anillo al dedo pues pensó que sería la solución para nuestros problemas a la hora de comer, ya que yo era algo caprichosa con la comida. Allí era toda una fiesta colaborar en poner y quitar la mesa: plato llano, plato hondo, cuchillo y cuchara a la derecha, tenedor a la izquierda, vaso de agua y servilleta, situado según creo recordar en donde actualmente se encuentran los despachos. Con una cocinera tan buena como teníamos y el amor que ponía en la preparación de los platos se me fue abriendo el apetito. Todavía recuerdo el olor que subía hacia arriba por aquel pasillo tan largo a esos macarrones con tomate que sabían a gloria. Fue en esa etapa donde empecé a probar alimentos nuevos que nunca antes había comido mejorando la relación con mi familia, a la que ponía de los nervios al escucharme decir “eso no me gusta” sin haberlo probado siquiera.
R
especto al trabajo en el aula, la colaboración que el alumno tenía con el maestro era ejemplar. Nos encargábamos del orden y la limpieza de nuestra clase. Recuerdo ese suelo rojo al que le dábamos un día y otro con aquella escoba de trapo hasta hacerlo brillar como un espejo o el cultivo de las plantas incluso en vacaciones. Desobedeciendo a nuestras madres y maestras los fines de semana  que nos encargaban regar las plantas, más de una vez nos dejábamos acompañar de algunos “amigos” para jugar por allí un rato. Pero nuestras madres que eran sabias, cuando calculaban que tardábamos más de la cuenta, salían en nuestra busca y más de una vez tuvimos que salir corriendo o a escondidas, o dejar a algún amigo encerrado y volver más tarde a abrirle.
Recuerdo con cuánto amor, alegría y cariño cada año, en el mes de mayo, recibíamos a nuestra madre del cielo: La Santísima Virgen de Fátima, a la que se abrían las puertas de par en par en nuestro colegio y en un lugar mucho más especial, en nuestros corazones. Con gran gozo le preparábamos aquel bonito altar en el que todos participábamos cuidando cada detalle. Resplandecía como una reina en medio de aquellas flores tan bonitas que cada uno buscaba y recogía como podía. No recuerdo que hubiera ninguna floristería, pero sí que habían unos hermosos huertos muy cercanos al colegio en lo que ahora es el parque de enfrente y a lo largo de toda la orilla de la acequia tras el Camino Real. Y ni cortas ni perezosas allá que íbamos a pedir flores (y otras veces a quitarlas a escondidas por las orillas de las tapias). Vamos, que a la Virgen nunca le faltaron aquellos grandes ramos de celindas blancas que parecía esperaban florecer para mayo con ese olor tan espectacular. Ni aquellos ramos de rosas de todos los colores. Ni azucenas, ni claveles,… Todas las tardes nos reuníamos todos en presencia de la Virgen durante unos minutos antes de salir hacia casa con mucha devoción. La obsequiábamos con nuestras inocentes oraciones, con el rezo del Santo Rosario, con plegarias, y con cantos que nunca he olvidado (a veces salidos de tono) y que siempre han sido actuales. Para empezar cantábamos “Venid y vamos todos, con flores a María”, “El trece de mayo”, “La salve”, “Mientras recorres la vida tú nunca sólo estás, contigo por el camino Santa María va”,… y siempre terminábamos cantándole “Adiós Reina del Cielo madre del salvador”,…  ¡Qué bonitos recuerdos!
Con mucho cariño siempre he guardado la única fotografía de grupo que poseo y que de vez en cuando me gusta revisar. A pesar del paso del tiempo parece que fue ayer. Aunque cada una de las aquellas niñas que figuran en la imagen haya escogido diferentes caminos, dondequiera que nos encontramos no nos negamos el saludo y esa sonrisa en recuerdo de aquellos días. Hemos sabido conservar la amistad y el cariño de aquella etapa tan importante para nuestras vidas.

El que figura en la foto es Tomás, mi marido, antiguo alumno de las escuelas viejas. Él  y yo nos conocimos en el Ródenas, donde empezamos una bonita relación de amistad que poco más tarde nos llevó al noviazgo. Tras unos años donde nuestro amor se puso a prueba para ver si era el verdadero, nos dimos cuenta de que estábamos hechos el uno para el otro y llegado el día 20 de agosto de 1978 recibimos el sacramento del Matrimonio, y fruto de él nacieron nuestros tres hijos Mª del Pilar de 33 años, Tomás de 29 y Esteban de 23.

Muy recién casada, todavía sin hijos pero embarazada, empezó a preocuparme la responsabilidad que tenemos los padres con respecto a la educación de los hijos. Pronto llegó a mis oídos la noticia de parte de Don Julián Torrecilla (por entonces sacerdote de Bullas) de que iba a dar comienzo un curso de Escuela de Padres en los salones del Club de la Juventud que se encontraba en el Camino Real, donde después estuvo la Guardería y que actualmente se encuentra casi en ruinas. Él mismo dirigía el curso. Semana tras semana nos reuníamos los miércoles y tratábamos temas de gran interés para la educación. Yo, que quería prepararme para ser una buena madre, encontré lo que necesitaba. Debió de marcharse pronto a Honduras donde permaneció varios años y allí quedó todo.
Desde aquí animo a madres y padres a acogerse con fuerza a todo aquello que les aproveche, que no cierren los ojos a aquello que sea positivo con respecto a la educación de sus hijos tanto a nivel personal como espiritual, ambos entrelazados, para seguir madurando intelectual y emocionalmente.
Llegado el día de apuntar al colegio a nuestra hija mayor tuvimos una pequeña duda de dónde llevarla, si a un colegio o a otro, ya que al vivir en el centro del pueblo cualquiera nos pillaba bien de lejanía. Pero pronto tomamos acertada decisión de que estudiara en el mismo colegio en el que lo hicimos sus padres.
Varios años después, como todas las madres del colegio, fui invitada por Don Juan Matías a participar en nuevos cursos de Escuela de Padres que él mismo organizó y preparó. A él le doy gracias por abrir de nuevo un camino que me llevó al Ródenas. A partir de ese momento todo mi ser se puso en movimiento, pues sabía que algo necesitaba en lo que se refería a la educación de mis hijos, pero no sabía donde encontrarlo. Ellos iban creciendo en una etapa diferente a la que lo habíamos hecho sus padres y necesitaban sobre todo nuestro cariño, aunque también nuestro apoyo, nuestra comprensión y nuestro consejo. Al colegio, que tanto bien me había hecho y que tan buenos recuerdos me traía, me dirigía ahora como si fuera una estudiante adolescente entradica en años para aprender a ser madre de unos hijos mayorcitos. La verdad es que lo necesitaba y aprovechando que mi marido estaba fuera por motivos de trabajo y tenía más tiempo libre, dediqué unos años a hacer varios cursos… Todo era nuevo para mí. Semana tras semana nos reuníamos estudiando unos temas que nos preocupaban a todos en general pero que personalmente, no sabía cómo afrontar. Tuve que trabajar y estudiar muchísimo. Supuso para mí un gran esfuerzo pero me gustaba hacerlo, pues los resultados a nivel familiar eran positivos.
Todos los del grupo coincidíamos con la preocupación por la educación. Poco a poco me fui dando cuenta de que yo también necesitaba aquello que quería transmitir a mis hijos y fue muy bonito desarrollarme en este ámbito por los frutos que en cada uno se manifestaban. Comprendí que para educar yo, también necesitaba seguir educándome. Reconozco que me gustaba lo que hacía porque me ayudaba a superar obstáculos, unos más grandes y otros más pequeños. ¡Cuántas cosas pudimos aprender unos de otros! De ahí lo que empecé diciendo al principio con respecto a la educación: “Que es una labor continua para toda la vida”.
Gracias, Juan Matías. Le doy gracias a Dios que se ha servido de tantas personas como tú a lo largo de mi vida para ir mostrándome en cada etapa lo que necesitaba, para no quedarme atrás, sino seguir continuando hacia delante aprendiendo a mirar el lado positivo de las cosas. Al mismo tiempo a Él también le pido por tantas personas como tú, que trabajan para mejorar en la enseñanza, por los padres y responsables en la educación, para que ésta cada día sea mejor.
Siendo los progresos académicos de nuestros hijos los más adecuados en cada etapa escolar, hemos tenido como gran recompensa el tener a nuestra hija mayor, Mª del Pilar, de maestra en dicho colegio donde ejerce amando su vocación, trabajando poniendo empeño y esfuerzo en esta etapa tan difícil por la que atraviesa la educación actual junto a sus compañeros de profesión, algunos de los cuáles ya fueron maestros suyos y a quiénes siempre ha guardado y guarda mucho respeto y cariño.
Tres somos las generaciones fieles al colegio donde hemos sido educados: nosotros los padres, nuestros hijos, y ahora también nuestros nietos: toda una familia. 




Y para finalizar, mi agradecimiento también a mi familia, mis padres y hermana, por la educación que de ellos recibí y que con ellos compartí. Nos dieron la vida y siempre han estado a nuestro lado.

   En esta foto aparecemos mi hermana Isabel y yo, a la edad de 6 y 10 años.

¡FELICIDADES A NUESTRO MARAVILLOSO COLEGIO EN SU 50 ANIVERSARIO¡